Un hombre escribió que se vio caer y no le importó. Dijo que cualquier vida que no incluyera la caída no valía la pena. Dijo que preferiría fracasar en la gran empresa que tener éxito en la pequeña. Dijo esto quince años antes de que lo quemaran vivo. El poema era la profecía y la profecía era el poema.