Durante su ejercicio vespertino, a Agripino le informaron que el Senado romano le había condenado. Preguntó: ¿al destierro o a la muerte? Dijeron destierro. Me preguntó: ¿y mi propiedad? Dijeron que no estaba ocupado. Dijo: vamos entonces a Aricia y cenemos. No pausó su ejercicio para dictar veredicto. No preguntó por qué. Comprobó si aún era posible comer y siguió con su día. Esta es la única respuesta correcta a cualquier mala noticia que no requiera que estés muerto.